El Paraíso existe.

Había una vez una mujer llamada Teófila. No tengo algunos detalles en esta historia pero puedo asegurar que es verdad. No consulté a Teófila escribir sobre ella en mi blog pero estoy completamente seguro que amará saberlo. Prometo tener una mejor edición de su historia tanto escrita como fotográfica y en video.
 
Esta preciosa mujer no era original de la Provincia de Huaytará pero sí su esposo. Necesitaba una forma de vivir así que empezó vendiendo alcohol en un pequeño kiosko que era a la vez su casa, en la carretera hacia Huaytará, Huancavelica. Literalmente esta hermosa mujer vivía en la calle. Un día el río creció mucho y se llevó sus cosas.
 
Teófila imaginó que podría ser una desgracia como respuesta divina para mejorar su vida. ¿Pero cómo sufrir podría ser parte de un plan bueno para la vida de una mujer que deseaba salir adelante?
En una montaña no muy lejana, ella quiso establecerse. Ella y su esposo construyeron una casa de adobe, adobes que ella hizo con sus propias manos. Ahí tenía unas esteras, y un solo ambiente donde criaba a sus cuyes también.
 
Gracias a unos amigos llamados Onigos (así llamaré a todas las organizaciones que la apoyaron), Teofila aprendió cómo mejorar su casa. Cómo aprender a criar sus cuyes de mejor manera, cómo venderlos para no llenar la casa de cuyes y generar ingresos para vivir, y cómo mejorar su forma de cuidado de hortalizas, alfalfa para sus cuyes, y palta para vender a un pueblo cercano llamado Huaytará.
 
Después de 5 años, vende sus cuyes a 15 soles los machos y 18 soles las hembras. Aun se acuerda cuando uno de los Onigos le regaló 1 machito y 7 hembritas.
 
Su pequeña mansión puede describirse así:
Una habitación para ella y su esposo, otra para su hija quien ahora se hace cargo de una bodeguita (sin alcohol), una cocina con refrigeradora ecológica, en el segundo piso. Un comedor en la entrada, en el primer piso.
 
Y después de un accidentado camino -para los visitantes- y llegar casi casi casi sin aliento, está a la vista la primera parte del Paraíso, ahí están sus plantitas. Como recordatorio del angosto camino que hay que recorrer para llegar al paraíso. En la segunda parte del paraíso hay dos galpones para cuyes.
 
La tercera parte del paraíso es una fuente hermosa. Una fuente de vida basada en la siembra de hortalizas y paltos. Se ven hasta 4 niveles construidos con piedras. Eso es una de la grandes evidencias del trabajo hermoso de las manos, fuerza, voluntad y como Teófila narra: la indubitable ayuda de Dios.
 
Pronto publicaré el mensaje que ella quiere dar a todas las mujeres del mundo.
 
Aquí una foto con ella:
Imagen
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