Jacinta, ¡cuánto tiempo!

Ña, ña, ña (bis)

Así se bromeaba en la escuela imitando al personaje de La Paisana Jacinta, allá en esos días de adolescencia y juventud, cuando no teníamos (o al menos yo) tal conciencia del cuidado de la diversidad de culturas y el respeto por ellas. Sin realmente caer en cuenta en el efecto que tienen en el tejido social de nuestro país.

Es innecesario enumerar el tipo de expresiones racistas que están en nuestro vocabulario, algunos a propósito, otros “inocentes” y otros usados con el fin de insultar y desquitarse de alguien que nos ha tratado mal.

Pues basta, #LosNuevosPeruanos tenemos cuidado de nuestro vocabulario. Somos cuidadosos con las bromas. No ponemos apodos y menos burlándonos de la raza o procedencia de nuestros compatriotas ni extranjeros.

Marie Sanz escribe un artículo para la Agencia Francesa de Prensa (Agence France-Presse) titulado “La Paisana Jacinta, símbolo del racismo peruano”. La foto tiene la siguiente leyenda: “sin dientes, trenzas de batalla, ataviada con una capa colorida, una falda desordenada, Jacinta representa de manera grotesca una mujer pobre de los Andes”.

“Hace reír a sus admiradores, pero para sus detractores, La Paisana Jacinta -personaje de una serie de televisión peruana- encarna una desconcertada y rústica andina que emigra a Lima, estigmatiza a la población indígena, ilustrando el racismo notorio en una sociedad profundamente desigual”, es el párrafo que da apertura al artículo de Sanz.

¿Y qué? No hace falta que diseñemos grandes campañas contra el racismo y destinar millones y millones. Sino más bien enseñar a nuestros niños/as, a nuestros amigos/as y familiares acerca del cuidado de nuestro lenguaje y trato. El buen trato hacia nuestros compatriotas sin importar su procedencia es respeto que no tendríamos que exigir sino una buena práctica que esté implícita en nuestras acciones, lenguaje y valores. O pronto no solo seremos el país de “Laura Bozzo” de los escándalos llamados “que pase el desgraciado”, sino el de “La Paisana Jacinta”, escuchando un tal insulto de lejos o bien de cerca que diga: “regresa a sembrar tus papas”.

Repito, los nuevos peruanos no conocemos el racismo.

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