Toma micro, por favor.

¿Si me gusta Lima? No lo sé. Sí y no. Me parece que todas las ciudades del Perú son igual de inseguras. El mundo está loco. El mundo está de cabeza. ¿Sabes, no? Que no todos buscan tu bien. Existe gente mala, realmente perversa.

Ahora tomé un taxi para ir al trabajo. Pero hice todo al revés. Tomé el taxi cuando la luz estaba en verde. El taxi no tenía franjas de cuadros negros con amarillo (si es particular) o blancas con negro (si fuese de compañía), tenía un letrero improvisado, el carro era guinda y bastante viejo. Con esto debía dudar que tuviera tarifas asignadas para las carreras. Y por último, no tomé el número de placa, lo siento, me puse nervioso.

El señor no conocía las calles -esto me parecía sospechoso. No conocía Av. La Mar, no conocía Garzón (¿en serio? Trabajan en Pueblo Libre y ¿no conocen la famosa Garzón?). Pero aseguraba que yo podía guiarlo en todo el camino. No dejaba de sonreírme.

Un momento. ¿Sonreírme? ¿Cuándo has visto que un taxista te sonría? No es que sean amargados. Pero esa no es la actitud normal de un conductor.

Aquí vino la parte que temía. Cuando pregunté cuánto me cobraría, dijo que 10 soles. Aquí otra burrada mía, no negociamos antes de subir. Dije que era demasiado y que mejor tomaría otro taxi. Antes de que sigamos avanzando y luego fuera demasiado tarde.

Negociamos hasta quedar en 8 soles. Y luego cuando agregué, “señor, usted no conoce. Yo siempre pago 7 soles porque está cerca.” A continuación el conflicto en clímax, “si está cerca, ¿por qué no se va caminando?”.

“Disculpe, señor”, dije. “Pero eso me parece una seria falta de respeto. Por favor, deténgase que voy a bajar y tomaré otro taxi”, agregué. El taxista no quiso detenerse, pero yo abrí la puerta para bajarme aun cuando el taxi estuviera en movimiento. El taxi no quiso detenerse y aseguró que por las dos cuadras (sí, todo esto estaba sucediendo en menos de tres cuadras) tendría que pagarle.

-No, señor. Usted y yo no hemos negociado nada. Yo no estoy de acuerdo con la tarifa y usted me ha faltado el respeto.

“Entonces, no te bajas de aquí”, dijo el conductor, un hombre de piel negra y ojos grises, cabello corto y rizado, un poco canoso, de unos 50 años aproximadamente. Al mismo tiempo que dijo eso sujetó mi maletín.

-Señor, ¿qué le pasa? ¡Qué clase de actitud es esa de coger las cosas de un pasajero! ¿Tiene idea de con quién está hablando? Ahora mismo llamaré a la policía.

Salí del auto y con fuerza sujeté su brazo y mi maletín y le quité mis cosas.

¡Qué carajos pasa en este país! Mi responsabilidad es velar por mi propia seguridad, la próxima pensaré en pagar 50 soles hasta mi trabajo solo por venir seguro. Pero la de nuestro sistema es velar también por la seguridad de sus habitantes.

Este y muchos otros taxis no deberían estar circulando por las calles. Y este como muchos otros conductores que se comportan como delincuentes, y quién sabe lo son, no deberían estar rondando.

Mi recomendación: toma micro. Si tomas taxi, no importa cuánto más pagues, escoge uno que sea seguro. Con SOAT, con franjas, con placa pintada al costado, siéntate atrás, que al carro no le falten las luces, que esté bien cuidado, que el conductor no se esté depilando la barba, ni comiendo piña o sandía en bolsa, que no se esté cortando las uñas y que tenga la camisa bien abotonada. Algunos taxis nos obligan a ser prejuiciosos.

Si me quiso robar o secuestrar, no lo sé. Pero el siguiente taxi que tomé tenía una Biblia abierta.

Así fue el taxi:

Taxi No Correcto

Así debe ser:

Taxi Correcto

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